viernes, 22 de mayo de 2009

Reflexiones de un director de monólogos.‏ Por Ciro Altabás.


El actor Javier Corral me ha pedido que escriba sobre mi experiencia de dirigirle en un monólogo. El problema es que no suelo recordar nada con demasiada fidelidad a los hechos. Casi siempre, cuando hago balance de una historia, incluyo un pingüino o dos y les sorprendería saber las pocas veces que han aparecido pingüinos en mi vida real. No más de diez, desde luego. Por ejemplo, no tengo del todo claro si él me propuso dirigir el monólogo “Abrazolamp” de manera directa (ver situación “A”) o si fue más sutil (ver situación “B”). También es probable que no me lo ofreciera en ningún momento, que simplemente yo acudiera a sus ensayos y a Javi le diera vergüenza preguntarme qué hacía allí y me dejara tranquilo con mis cosas.

Situación “A”:

Javier: ¿Quieres dirigir mi monólogo?
Ciro: No.

Situación “B”:

Javier: Me gustaría que vieras mi monólogo y que me des algún consejo.
Ciro: Por supuesto, Javier, cuando y donde quieras. Por ti, lo que haga falta.

Si hubiera tenido lugar la situación “A” no estaría yo escribiendo estas líneas, desnudo, encerrado en los aseos de una gasolinera. Así que es probable que ocurriera algo no muy diferente a la situación “B”, donde Javier me llevó a una habitación vacía y, estando los dos a solas, me enseñó aquello de lo que se encontraba más orgulloso. Y no fue fácil, no señor. Porque representar un monólogo de humor a un público formado por una sola persona es un 67% incómodo y un 85% violento, aproximadamente. Pocos consejos útiles le pude dar al terminar, aparte de que “la carne de pavo queda algo seca una vez asada por lo que es conveniente rociarla con aceite
durante la cocción” porque yo no me consideraba quién para ir por ahí mangoneando monólogos ajenos.

Y es que, verán, “Abrazolamp” no es un monólogo al uso. Sí, tiene lugares comunes pero siempre acompañados de toques más personales. Para bien o para mal, es muy javiercorraliano ™ y yo pensaba que lo último que le hacía falta al texto es un individuo ajeno y cabezón metiendo sus zarpas. Cabezón que nunca ha dirigido nada relacionado con el teatro en cualquiera de sus extensiones, por cierto.

CORTE A: semanas después, Corral me pide (Corral pide mucho) que grabe una representación de “Abrazolamp” en una sala con público en directo. Sin problemas, Javi, he pensado en hacerlo en blanco y negro y cambiaremos las risas del público por bebés llorando... ah… ¿cómo?... ¿que tiene que servir para presentar la obra a salas de teatro?. Coartas mi creatividad, pero de acuerdo.

Resulta que la cámara que a mí me tocó controlar era una que enfocaba constantemente al público. Y, si es usted un monologuista en ciernes, déjeme que le de un consejo: la carne de pavo queda algo seca una vez asada por lo que es conveniente grabar a su público como ejercicio: averiguar dónde se ríen, dónde no se ríen y cuándo se acurrucan en posición fetal gimiendo. Es duro, pero útil. Y, mientras escuchaba a Javi a la vez que veía la reacción de las masas, me encontré reordenando su texto. Mi cabeza ya no estaba en la sala. Por eso la mitad de las tomas que hice son de un extintor. Por eso sí me atreví a romper “Abrazolamp” y volverlo a montar, pieza a pieza, siempre con la supervisión de su papá.

Había aspectos más claros que otros. La duración, por ejemplo, tenía que ser recortada: el público echaba de menos volver a encontrarse con sus familias y eso, para un texto cómico, puede ser criminal. Así que lo dejamos en poco menos de una hora. Ordenamos los conceptos desperdigados, suprimimos unas frases que Javier aseguraba que eran chistes y metimos otros nuevos. Me gustaría decir “y ahora el monólogo ya está terminado, tengo mi carné de la Unión de Monologuistas y, si me disculpan, me voy porque llego tarde a la fiesta en el yate”, pero la verdad es que yo esperaría un poco para reservar el Teatro Calderón. Eso fue el primer paso para pulirlo en un proceso que todavía perdura. Sigo sin estar convencido del todo con el final, por ejemplo. Ahora finaliza con un momento “emotivo” pero creo que podría terminar con un chiste. De pedos. O de franceses. O de franceses tirándose pedos. Se lo comentaré a Javier la próxima vez que pida algo. Que será en breve. Démosle cinco, cuatro, tres, dos, uno… ¿Cómo dices, Javi?, ¿que termine con algo esperanzador para futuras generaciones?.

Vale. Me alegro de que Javier insistiera, confiara en mi y de incorporarme a este proyecto. De verle escribir, dirigir, interpretar y editar todo a la vez, en tiempo real. Y sobre todo, de aquella función tan gratificante que hasta el pingüino fue a felicitarle al camerino, sonriente pero con los ojos llorosos. Son momentos como ese los que provoca “Abrazolamp” y ya están tardando en verla. O en volverla a ver. Porque no hay dos pases iguales. No se preocupen, que el señor Corral ya se encargará de eso.

1 comentario:

HP Artistas dijo...

El señor Altabás siempre tan incisivo. Que no canino. Javi: que un pingüino haga un cameo. Exijo.